Las sociedades modernas, abocadas sin
remedio en un mundo globalizado, a menudo nos encontramos con situaciones
donde lo que menos importan son las personas.
Dentro de esta dinámica, siempre son las más débiles
y desfavorecidos los que se llevan la peor parte, por ello deberían
ser los más protegidos por la sociedad.
La formación debería ser un bien de fácil acceso
para estas personas y con unos métodos y técnicas adaptadas
a sus necesidades y realidad social.